Vamos a detenernos aquí en los diferentes tipos de punteras de protección de las que pueden estar equipados los zapatos de seguridad. Esto le permitirá identificar mejor el par que responderá idealmente a sus necesidades profesionales.
Sumario:
La puntera del zapato se coloca en la parte delantera, se inserta en el montaje entre el material que constituye la caña y el forro interior. Su capacidad de resistencia a los impactos es el primer factor que permite distinguir los zapatos de protección de los zapatos de seguridad. El material de fabricación de la puntera es también una elección determinante a tener en cuenta, ya sea por una cuestión de peso, de dimensión, o según la necesidad de optar por una solución con o sin metal.
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Para diferenciar el zapato de protección (norma EN ISO 20346) del zapato de seguridad (norma EN ISO 20345), la reglamentación de las punteras especifica dos niveles distintos de protección del pie:
- La resistencia a impactos de una energía de 100 julios. Es decir, que la puntera puede soportar un impacto equivalente a la caída de un objeto de 10 kg soltado desde una altura de 1 metro. Los zapatos dotados de este tipo de puntera están catalogados bajo el nombre de zapatos de protección.
- La resistencia a impactos de una energía de 200 julios. En este caso, la puntera resiste al impacto de un objeto de 20 kg soltado a 1 metro de altura. Los zapatos de seguridad, para ser considerados como tales, deben imperativamente poseer una puntera con estas características.
Los primeros zapatos de seguridad dotados de una puntera de protección fueron concebidos con una carcasa de acero. Hoy en día, este material se sigue utilizando y convive con su alternativa en aluminio.
El acero es una materia muy resistente a los impactos, lo que permite que la puntera sea bastante fina sin comprometer sus capacidades de protección. También tiene ciertas ventajas a nivel de coste comparativamente a otros materiales más evolucionados. Donde es menos ventajoso, es a nivel del peso que puede superar los 90g según la talla.
El aluminio es más ligero que el acero, con una diferencia de aproximadamente 15 a 20 gramos. Sin embargo, también es menos resistente. La puntera debe ser por tanto más gruesa que la de acero para presentar las mismas prestaciones de protección.
Aunque se usan comúnmente, las punteras de metal no son aceptadas en ciertos sectores de actividad (por ejemplo los aeropuertos que presentan pórticos detectores de metales). Para responder a una necesidad de punteras amagnéticas, puede elegir un zapato con una puntera compuesta.

De concepción más reciente, estas carcasas presentan varias ventajas respecto a las punteras metálicas. Son 20% más ligeras que las punteras de acero, conducen menos el calor y el frío, resisten varios impactos y son más cómodas. Para presentar las mismas capacidades de robustez, la puntera compuesta debe no obstante ser más gruesa y más ancha que la carcasa metálica, lo que implica un zapato de apariencia más masiva y menos fina que un zapato de seguridad tradicional.
La primera categoría de puntera compuesta es la de las carcasas de policarbonato, material extendido, muy ligero y de bajo coste, pero que requiere un gran volumen para cumplir con las normas de protección requeridas.
La puntera de fibra de vidrio propone, por su parte, una buena resistencia teniendo a la vez un mejor aislamiento térmico.
Finalmente, la versión más evolucionada de la puntera compuesta es en fibra de carbono. Es la solución más ligera con un peso que puede bajar por debajo de los 40g. Su gran resistencia permite rivalizar con el acero y permite por tanto un tamaño más fino relativamente a otros zapatos que comportan una carcasa compuesta. Esta materia es, por el contrario, más costosa que sus homólogas, y puede por tanto hacer subir el precio de un par de zapatos.
Si sus zapatos le garantizan una gran protección, conforme a las normas que los rigen, es importante darse cuenta de que la integridad de una puntera se verá comprometida tras un impacto.
Las punteras de acero pueden doblarse bajo el peso de un objeto caído. Lo mismo ocurre con el aluminio. Pero corren el riesgo de romperse ante una caída que supere los 200 julios. Las punteras compuestas absorben mejor los impactos y recuperan su forma inicial. Sin embargo, también presentan el riesgo de romperse bajo el golpe de un impacto demasiado importante.
Para una mejor seguridad, conviene entonces cambiar de zapatos si han sufrido la caída de un objeto pesado.

Como acabamos de detallar, puede optar por diferentes tipos de material cuando deba elegir un par de zapatos de protección o de seguridad. Las punteras metálicas más finas, o las carcasas compuestas más ligeras pero más gruesas. Si su entorno de trabajo requiere un equipo amagnético, serán necesarias carcasas no metálicas. El coste puede ser un factor determinante, y aunque la fibra de carbono presenta innegables ventajas, sigue siendo menos asequible que otros materiales.
Una opción aún más económica consiste en llevar cubrezapatos con las mismas características de protección que los zapatos de seguridad. Directamente ajustables sobre zapatos clásicos, pueden ser una alternativa menos costosa al zapato de seguridad.
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