La llegada de un recién nacido es siempre un evento mayor en el curso de la vida. Para el embarazo y los primeros años de vida en las mejores condiciones, los padres tendrán la oportunidad de ser supervisados y apoyados por numerosos profesionales de los sectores de la maternidad y de la primera infancia. Descubramos un breve panorama de aquellos que guiarán y cuidarán a los más pequeños.
Sumario:

El primer especialista que se ocupa de la buena salud de las mujeres es el ginecólogo. Además del seguimiento regular fuera del embarazo, el ginecólogo-obstetra también está a cargo de supervisar el buen desarrollo de la gestación y efectúa las intervenciones necesarias en caso de necesidad.
La partera acompaña a las mujeres embarazadas desde el embarazo hasta la maternidad. Vela por la buena salud de la madre y del niño durante todo este período. Efectúa los exámenes clínicos y paraclínicos trabajando en colaboración con los médicos. Dirige las sesiones de preparación al parto y, después del nacimiento, puede continuar haciendo un seguimiento hasta el domicilio familiar. Estos profesionales de la salud ejercen principalmente en clínica, equipados con túnicas o batas apropiadas.
La profesión de doula, de origen americano, aún está poco democratizada en Francia. Actúa en complemento del seguimiento médico y su palabra clave es el bienestar de la madre y su bebé. No practica a título médico, pero es capaz de aportar métodos de relajación para aliviar el estrés del embarazo y del parto a través de modelados (equivalente de los masajes de los profesionales). Puede después ser llamada a asistir a los padres en las primeras tareas cotidianas como la preparación de pequeños platos, las compras o la limpieza. La doula está ante todo a la escucha de las necesidades de la madre y la ayuda a canalizar sus dudas y sus emociones.
Al igual que la doula, el acompañante perinatal brinda un acompañamiento a los padres durante el embarazo, el parto y el regreso al hogar. Es una formación específica que ofrece escucha y consejos a los padres.
Para el seguimiento médico del niño, es supervisado hasta su adolescencia por el pediatra. Este médico especialista en salud infantil aporta sus competencias desde la maternidad y luego en consultas regulares para velar por el buen crecimiento del bebé. Supervisa el buen desarrollo, administra las vacunas, diagnostica los cuidados y guía a los padres. Para otras necesidades más específicas, hay tantos profesionales de la salud especializados. Se puede citar al ortopedagogo (trastornos del aprendizaje), al ortodoncista (cuidados dentales), al logopeda (trastornos del habla, del lenguaje y de la escritura), al ortoptista (trastornos visuales) o al psicomotricista (trastornos nerviosos, de orientación o de concentración).

En sus primeros años, el bebé y el niño pequeño son cuidados por el enfermero y la enfermera de puericultura. Además de los cuidados, este profesional médico efectúa las extracciones de sangre, los diagnósticos de salud y las otras medidas curativas. Es asistido por el auxiliar de puericultura que se ocupa de los niños y lactantes en maternidad, en el hospital, en guardería o en jardín de infancia. Supervisa el desarrollo, la alimentación, la higiene y el confort. Sin embargo, no se ocupa de los cuidados. Para el bienestar psicológico del niño, el pedopsiquiatra está especializado en el acompañamiento y los cuidados médico-psicopedagógicos. Este último ejerce tanto en el hospital, como en centros dedicados o también en consultorios privados.
El día a día cargado de los padres puede llevarlos a tener que delegar el cuidado o la ocupación del niño. En la guardería, el animador de primera infancia es titular del CAP Primera infancia y es el profesional de la acogida y del cuidado de niños. En el domicilio, el auxiliar parental se ocupa de los niños de 3 meses a 10 años en presencia o no de los padres. Respeta el ritmo diario familiar y está capacitado para asegurar la vigilancia, las comidas, el aseo o el entretenimiento. El asistente maternal también realiza cuidado de niños de 0 a 3 años. Ejerce en su propio domicilio, en casa de asistencia maternal o bien en guardería familiar. Asegura la acogida, el bienestar y el desarrollo.
Los oficios de cuidado mencionados actúan en un marco familiar que requiere una vestimenta a la vez sobria y informal, siendo al mismo tiempo práctica y permitiendo limitar las pequeñas molestias que pueden ser provocadas por los pequeños. El otro punto común esencial a estas profesiones es guiar al niño hacia sus primeras nociones de desarrollo y educación.
Los inicios del desarrollo tendrán lugar en primer lugar en la guardería (o en jardín de infancia) donde el agente y el auxiliar de guardería se ocupan de los niños más pequeños. Velan por el cuidado, por la seguridad y organizan actividades para estimular la conciencia de los más pequeños. En los mismos lugares, el educador de niños pequeños asegura el desarrollo de los menores de siete años en diálogo con los padres. Implementa la acción educativa junto a un equipo que tiene a su cargo.
Después de la guardería, la siguiente etapa es la escuela maternal. El agente territorial especializado de las escuelas maternales (ATSEM) acompaña a los profesores aportando una ayuda técnica y educativa. Actúa en clase, durante las actividades y durante las comidas. Participa en las actividades de desarrollo y asiste al profesor en sus misiones cotidianas. Al final de esta fase, el pequeño dejará la primera infancia y podrá ser confiado al maestro de escuela que tomará el relevo de la educación.

En los albores de su vida, un niño requiere atención y numerosos cuidados. Como acabamos de ver, los padres pueden entonces depositar su confianza en un amplio abanico de profesionales. Estos últimos serán capaces de desarrollar todos los aspectos de la existencia de los más pequeños, ya sea a nivel del bienestar, de la salud o del desarrollo.