Ya sea funcionario de categoría C en el sector público o trabaje en una empresa de transporte sanitario en el sector privado, el ambulanciero no se encarga únicamente de asegurar el transporte de pacientes. Primer interviniente en caso de urgencia, al igual que los bomberos, constituye un eslabón decisivo en la cadena de intervención de primeros auxilios. Adscrito a las profesiones paramédicas, el ambulanciero debe ante todo evaluar la urgencia de una situación y prestar asistencia a una persona herida, enferma o discapacitada. Debe para ello realizar controles apropiados como la toma de constantes vitales (pulso, tensión, frecuencia respiratoria) para transmitirlas inmediatamente a un médico del SAMU (Servicio de Ayuda Médica Urgente) o del SMUR (Estructura Móvil de Urgencia y Reanimación). Es este último quien determinará si el paciente debe ser admitido en urgencias u hospitalizado.
Sumario:

Según la gravedad del estado en que se encuentra el paciente, el ambulanciero o la ambulanciera determina si este está en condiciones de desplazarse o si conviene llevarlo en camilla. Porque es el primer interviniente junto al paciente, debe saber establecer una buena relación con este siendo a la vez atento y tranquilizador. Aunque no sea ni médico ni enfermero, el ambulanciero puede verse obligado a detener hemorragias, desinfectar heridas, administrar oxígeno o incluso realizar gestos de reanimación. Su formación en el Diploma de Estado de Ambulanciero (DEA) debe prepararlo para este tipo de intervenciones. Con una duración promedio de 6 meses para un total de 630 horas, esta formación alterna entre cursos teóricos (455 horas) y prácticas profesionales (175 horas) y sigue a las pruebas de admisibilidad escritas y orales que implican aprobar el concurso de ambulanciero. También debe realizarse previamente una práctica de descubrimiento de 140 horas de duración.

Aunque el número de ambulancieros en Francia es insuficiente para cubrir las necesidades de contratación, el concurso sigue siendo muy selectivo ya que su tasa de éxito promedio es de solo el 20%. También está formado para utilizar todo el equipamiento de asistencia médica con el que está equipado su vehículo. También le corresponde la responsabilidad del mantenimiento de su ambulancia y del material que contiene (camilla, desfibrilador...). Su papel también incluye algunas tareas administrativas relativas a los documentos que debe completar al final de cada intervención. Su uniforme de trabajo está determinado por la empresa de ambulancias que lo emplea. No obstante, debe proveerse de accesorios y equipos de protección individual (EPI) como mascarillas FFP2 de un solo uso, incluso mascarillas FFP3, y eventualmente guantes de protección y calzado de seguridad.
Obligado a ejercer su profesión a cualquier hora, incluidos los fines de semana y días festivos, el ambulanciero está sometido a limitaciones horarias exigentes que implican una verdadera motivación por su parte y un compromiso a largo plazo. En el marco de sus misiones, también debe mostrar sangre fría y saber tomar las decisiones correctas, sin olvidar mantener su forma física para soportar un ritmo de trabajo intenso. El transporte de pacientes conlleva numerosas horas de conducción y competencias importantes en materia de pilotaje. Siempre bajo presión, el ambulanciero debe conocer al dedillo los diferentes trayectos que permiten llegar lo más rápido posible a los centros de atención cercanos. Indispensables en las zonas de riesgo, como durante las manifestaciones deportivas o en las estaciones de deportes de invierno, los ambulancieros deben mantenerse cerca de los lugares estratégicos para intervenir en los plazos más breves.

Durante todo el trayecto, el ambulanciero permanece en contacto con los médicos urgencistas para informarles de la evolución del estado del paciente. El transporte se efectúa ya sea en un vehículo de urgencia o en un vehículo sanitario ligero (VSL). En el primer caso, el paciente es atendido por un ambulanciero apoyado por un conductor que generalmente es un auxiliar ambulanciero. Este último está entonces bajo la responsabilidad del ambulanciero que es considerado como jefe de equipo. El trayecto debe ser a la vez rápido y cómodo para el bien del paciente que puede contar con la vigilancia del ambulanciero para garantizar el seguimiento de su estado de salud durante el transporte. Una vez alcanzado su destino, el ambulanciero o ambulanciera debe transmitir toda la información relacionada con el estado del paciente a los profesionales de la salud que tomarán entonces el relevo.
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